Isaías 53:5

Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados

¡Saldado Está!

Cuando hemos contraído una deuda sólo hay dos formas de pagarla: que yo pague por ella o que alguien sea mi aval y la pague por mí.

Estas palabras del libro de Isaías fueron escritas en el siglo VIII a.C. y anuncian que en los siglos venideros alguien pagará la deuda que hemos contraído con Dios por haber roto sus leyes. Esta persona es Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, quien vino al mundo para ser nuestro aval y pagar por nuestras faltas, no por las suyas. La realidad de la humanidad es que nos hemos rebelado en contra de Dios, hemos rechazado sus leyes y no reconocemos el derecho que tiene sobre nuestras vidas por ser el creador y gobernador del mundo.

Jesús recibió el castigo que cada uno de nosotros merecía con su propia vida, ahora podemos tener paz con Dios, con su muerte hemos sido sanados de esa enfermedad incurable y contagiosa llamada pecado.

Para que tu deuda sea pagada no debes hacer nada, sólo confiar que con la muerte de Jesús quedas libre de la deudas que tenías con Dios. Deja que Jesús sea tu aval, porque la otra alternativa es que tú mismo pagues tu deuda, pero tu crédito no es suficiente, sólo Jeśus puede pagar por ella.

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